Departamentos en surco coño perfecto

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Después, en la comida, se cuentan infinitas cosas que apenas llenan la necesidad de conocerse. Intuyen, sin decirlo, que el tiempo es escaso. Toda la tarde se llena de esos momentos íntimos, cómplices, incluso imprudentes, en los que el resto de las personas que se encuentran en la calle son, a sus ojos, solamente sombras fugaces.

El piso, funcional, todavía conserva las señales de la precipitada huida de sus ocupantes. Un libro por allí, apuntes, bolis y dos cervezas a medio consumir en la mesa, escasos alimentos en la nevera, varias botellas de licor, colillas en los ceniceros, las camas sin hacer e incluso unas braguitas delatoras junto a una mesilla.

Todas las señales delatan el oficio de estudiantes de sus residentes habituales. Se miran, se acarician, se hablan y se besan mientras Ana Torroja canta:. Fué un beso dulce, sincero, lleno de ternura, de amor. Pausadamente fueron sucediendose los besos y las primeras caricias a lo largo de varios minutos. Los labios dieron paso a la cara, los ojos, el pelo, la barbilla, las orejas Fuerte estremecimiento cuando la lengua de su amante recorría el lóbulo de las orejas.

Una pequeña pausa que produce una añoranza dolorosa. Brillan sus ojos y los dientes despuntan levemente en su boca entreabierta. Recorre el contorno de su cara con las yemas de sus dedos y desciende la mano para desabrochar los primeros botones de la camisa. Las caricias y los besos, el contacto entre los pezones de las dos al abrazarse producian auténticas descargas eléctricas entre ellas. No había prisa ni lugar para la brusquedad. La otra responde soltando el cierre del pantalón de su compañera y recorriendo el borde superior de la pequeña tanga, amagando constantemente la introducción de la mano debajo de ella.

Cuando la mano de Ana se decide a avanzar hacia el sexo de su amante, esta le facilita la aventura abriendo las piernas ofreciendose complaciente. Ana conocía ampliamente el juego sexual con una mujer, pero Nora estaba descubriéndolo en ese momento. Todos los sueños, tantas veces imaginados en la soledad de su cama, se quedaban en pequeños jirones de niebla ante el alud de sensaciones que su amiga procaba en ella. Ana abre sus piernas permitiendo que el muslo de Nora acaricie su vagina.

Los gemidos de ella aumentan en intensidad a medida que el vaivén de su cadera crece. Es la primera vez que lame el sexo de una mujer, su sabor le recuerda al suyo, pero es distinto, su calidez la excita extraordinariamente, recorre con la lengua todos los pliegues de su vagina, mientras Ana aumenta la presión sobre su cara, el clitoris de su amiga aumentado enormemente de tamaño es acariciado por la lengua de Nora lo que provoca un aumento espectacular de los gemidos de Ana.

Suavemente introduce dos dedos en su vagina. El orgasmo de Ana es un estallido que la sorprende. Su vagina produce innumerables contraciones que Nora percibe en sus dedos y las piernas se cierran fuertemente.

Ana atrapa la cabeza de Nora y la aprieta fuertemente sobre su pubis al mismo tiempo que su cuerpo se sacude en violentas contracciones que la hacen perder el equilibrio y caer violentamente sobre la alfombra.

Encogida en posición fetal todavía se estremece levemente. Sentadas frente a frente, con los brazos abrazando sus rodillas, las dos chicas se miran fijamente en silencio. En ese momento toma la decisión de depilarse el suyo definitivamente.

El montoncito de pelos que ella deja siempre sobre el suyo le parecen, en ese momento, de una vulgaridad insoportable. Y así se lo dice a Ana. Nora le coge las manos y le dice: Y despues recogemos tus cosas y volvemos aquí. Siempre he soñado con este momento, tu lo sabes, y ahora estoy segura de mi sexualidad. Soy lesbiana, y siempre seré tu amante, amor mio. La cena se llena de risas y de cómplices roces de rodilla por debajo la mesa, el vino rojo y fuerte de la tierra pone un brillo especial en los ojos de las amantes.

Calla que nos van a hechar de aquiiii!!! Y quita ese dedo de ahí so guarra!!! Ana hace una mueca de rechazo, le levanta el dedo corazón y sale corriendo. No tiene tiempo de cerrar la puerta cuando Nora se cuela dentro del baño y se sienta en el suelo. Nora mira en silencio con los ojos brillantes como el dorado líquido sale de las entrañas de amiga y la sonrosada piel de su vagina abierta.

Las dos saben que, a partir de ese momento, ya no hay límites. Todas las inhibiciones que podrían construir barreras entre ellas han sido arrastradas por la catarata de agua del inodoro.

Ana saca de la maleta una maquinilla de afeitar y un bote de espuma. Humedece todo el pubis de Nora y aplica una capa de espuma muy suavemente. Los flujos de Nora empiezan a aflorar al exterior, lo que provoca que su amiga se aplique a recogerlos con su lengua.

Ana va alternando pequeñas pasadas de cuchilla con caricias con un dedo sobre el clitoris, besos y pequeños lametones. Nora se retuerce de placer cuando la lengua de su amiga deja paso al dedo y a la frialdad de la espuma. El rasurado acaba cuando Ana mete su cara en el sexo de Nora y ésta se corre entre gritos de placer.

Ana, recostada su lado, acaricia el pubis recien despojado de la pelambre lo que supone sensaciones nuevas para Nora. Ella misma se acaricia suavemente. Ana acaricia su espalda mientras recibe sus besos, amasa con fuerza las nalgas de Nora e inicia un rozamiento de vagina contra vagina que hace aumentar la temperatura sexual.

Nora acaricia con pasión los pequeños pechos de Ana, que deja caer su cabeza hacia atras, abandonandose al placer. Coge las manos de su amiga y hace que ella misma abra su sexo para ella.

Nora apoya las caderas de Ana sobre sus piernas y desde esa posición tiene el mejor acceso para sus besos y su lengua. La boca se llena del sexo. Su lengua penetra profundamente en la intimidad de Ana que se derrite de placer.

Nora nunca había estado antes con una mujer, pero su instinto se convirtió en su mejor guía. Su lengua continuaba penetrando y recorriendo todo el sexo de su amiga. Varios lametones que llegaron hasta el ano de Ana provocaron la inmediata reacción de ella. Sólo se permiten breve período de pausa, si pausa se le puede llamar a la inundación de caricias, besos y palabras de amor susurradas, que se dedican una a la otra.

Un pequeño giro en la base del dildo y un levísimo zumbido se deja oir en la habitación. Ana desliza muy despacio el juguete por los labios de Nora, lo desciende por su cuello, se entretiene un buen rato sobre los pechos, acariciando los pezones que responden vigorosamente al estímulo. Diosss, cómo te quiero Con un poco de lubricante en los dedos Ana empieza a acariciar el ano de Nora.

Ambos producen sensaciones desconocidas e inesperadas en ella que mueve su cadera con fuerza, a medida que el primer orgasmo anal de su vida aumenta en intensidad. Todavía no la penetra, solamente lo acaricia y espera a que la ligera vibración haga su trabajo. El suave movimiento de adentro y afuera que le imprime Ana llevan a su amiga hasta lugares de sensación nunca imaginados.

Ana introduce dos dedos en la vagina de Nora, lo que la hace sentir el contacto del aparato vibrador en el interior de su sexo, a través de la delgada pared que los separa. La sensación es indescriptible y Nora se abandona completamente, incapaz de controlar tanto placer. La noche se hizo cómplice de las amantes hasta el amanecer en que se rindieron al sueño abrazadas.

El tiempo, aquel tirano implacable, transcurrió pausado hasta las primeras horas de la tarde en que un tímido rayo de sol se deslizó por las rendijas de la persiana. Al despertar, las dos chicas quisieron reanudar su encuentro de la noche.

Nuevamente encontraron el placer del amor entre ellas, pero algo nuevo, triste y desesperado, se había instalado allí con el nuevo día. Hablaron sólo un momento, a lo largo de las pocas horas que les quedaban, de su amor imborrable, del próximo encuentro. Hicieron planes imposibles, porque ambas sabían que su destino era un enemigo imposible de vencer. Caminaron y caminaron, como queriendo prolongar con sus pasos el momento de una despedida que ninguna de ellas deseaba, pero que ambas necesitaban.

Nada en sus vidas sería igual. Caminaban por la calle gastando el tiempo de la despedida. Era una triste despedida, en efecto. A veces el balanceo de sus pasos las lleva a rozarse, y, cada vez, las dos chicas sienten la certeza de lo perdido, la sensación de vacío, la inmensa y desesperada angustia. Caminaban en silencio, pues todo estaba dicho entre las dos. Seguir hablando significaba pronunciar palabras que ninguna quería decir. Todo había resultado una trampa ancha y vieja como el tiempo, ese tiempo que discurre como un rio que nada respeta y que confirma la autentica condición del ser humano.

Cada vez que un gesto de Ana removía alguno de los recuerdos recientes, ella se llenaba de una tristeza inmensa, desesperada. Tras haberla llevado hasta un terreno donde los límites se diluían y nada, salvo la soledad compartida, la pasión y la ternura, tiene sentido, ella se alejaba definitivamente.

Pronto sólo quedaría el vacío de la pérdida que solamente podría atenuar el orgullo y una buena dosis de disciplina. Relato de un viaje inexistente y una relación inventada.

La despertó el teléfono Buenos días- le dijo una voz femenina. Un café, por favor- dice Nora. Le respodía Ana, riendose sin parar. Mira, esta es Ana, una compañera de la Uni, que a venido a hacer no se que cosa.

Risas de las dos chicas, mientras Ana se coloca por delante la prenda y mueve las caderas. Nora deja asomar, levemente, la punta de la lengua entre sus labios mientras exclama: Es importante, tengo que ir allí. Necesito coger una cosa. Se miran, se acarician, se hablan y se besan mientras Ana Torroja canta: Quien detiene palomas al vuelo, volando a ras del suelo. Repartirnos las tareas, turnarnos o contratar a una persona para que haga todas estas cosas una o dos veces a la semana.

Yo pago lo mío; gracias. En gustos y preferencias, cada uno con su rollo. Los interesados mandar su CV a nuncatandesesperada abstenersearrechas. Hace poco volví a ver este video y me oriné de la risa, así que decidí compartirlo con ustedes. Supongo que porque me vio la cara de desubicada.

Pacientemente escrito por alecavag a las 8: Hace algunos meses, hice un ejercicio en Twitter sobre completar la siguiente frase: Las respuestas de los tuiteros me parecieron tan geniales que decidí guardarlas en Word. O sea, no te pases, huevona: Cuando estoy dando un examen, jugando algo o cualquier actividad que involucre el hecho de elegir una alternativa y permites que opte por la opción A, para luego dudar y terminar eligiendo la opción B.

Y todo para enterarme luego de que la opción correcta era, de hecho, la opción A. Hazme el favor y ubícate. Los días en que no me castigabas de esta manera, jugabas cruelmente conmigo: Habiéndome descargado contigo de esta manera, sólo me queda una cosa por decir:. Pacientemente escrito por alecavag a las 9: Si me voy a perder de algo tuyo importante —como tu primera palabra, tu primer gateo, tu primera caminata o tu primer a lo que sea—, prefiero que quien esté contigo en ese momento sea un pariente y no un ente desconocido.

Si eres mujer, no te compraré zapatos de charol ni vestidos con bobos y tampoco te haré peinados desquiciados mi madre me torturó de esa manera y no pretendo vengarme contigo. Si eres hombre, no te compraré overoles, mocasines ni casacas de cuero. Tampoco te haré raya al medio ni al costado. Y bajo ninguna circunstancia te compraré Crocs y maquillaje.

Tampoco te pintaré las uñas ni dejaré que te las pintes hasta determinada edad. Esos sí son diversión, caray. También te enseñaré a escribir y hablar bien desde temprana edad y a apreciar y valorar las cosas simples de la vida y a la familia.

No te inculcaré ninguna religión ni permitiré que tu padre lo haga: Si te compro algo caro, quiero que sea algo que valga la pena, que sepas valorar y aprovechar. No pretendo ser tu mejor amiga ni estar todo el tiempo de acuerdo contigo, pero procuraré apoyarte siempre. Y aunque a veces no parezca o no me creas, te adoraré y querré, siempre a mi desubicada manera. No te conocí y siento que te extraño. Recuerdos —especialmente— de mi padre, probablemente la persona que mejor te conocía, a quien le pedí que me hablara sobre ti y de quien, creo, heredé la buena escritura.

Toda su vida nos enseñó que las cosas no siempre son lo que parecen. Su vivencia de rebelde en la guerra le enseñó a vivir en cualquier lugar, en cualquier momento, sin tener miedo a nada y a nadie.

No tuvo mucha educación, pero sí mucha inteligencia que desarrolló durante toda su vida. Tuvo razón criando a sus hijos y estuvo muy atento a los cambios en la vida de ellos. Me enseñó cómo se vive en Italia y en Suiza, a caminar en cualquier camino sin perderme, a cazar y a pensar.

Me enseñó a vivir con calma y honestidad, con bajo perfil, en vuelo rasante, como los grandes. Se salvó dos veces de la muerte y yo estuve ahí para acompañarlo. Fui muy afortunado de compartir esos momentos con él. Murió como siempre lo deseó: Se fue sin que yo le dijera oportunamente lo mucho que lo amaba". Tenía que ir a la cuadra 55 de la Avenida Javier Prado Este para pedir el duplicado de la llave de mi nuevo carro que ahora se llama Morris. No hay forma de que no la veas, a menos que seas ciega.

Avanza un par de cuadras hasta llegar a la 55, voltea en U y busca la tienda. Ese día me desperté a las Me desperecé, bañé, cambié, acicalé y salí de mi casa. Pero no con dirección al Jockey Plaza desde la Calle Encalada, sino con dirección al cruce de Aviación con Javier Prado para, luego, voltear a la derecha y seguir de frente hasta la cuadra El caso es que llegué a ese cruce, doblé a la derecha y seguí de frente. Y todo era felicidad pura hasta que llegué a la altura de la cuadra 33 y me percaté de que había tres entradas: Así que seguí de frente y me metí en la entrada de la derecha para luego ver un gran letrero que me daba la bienvenida a una especie de un gran condominio de Monterrico.

Seguí manejando, tratando de buscar la salida hacia Encalada, Caminos del Inca o Primavera y mantener la calma en el intento. Pero, a pesar de doblar a la derecha o izquierda, retroceder o avanzar, no conseguía librarme de los putos montes.

Detuve el carro, respiré profundamente y pregunté a la primera persona que se me cruzó en el camino un señor de unos 40 años, pituco y simpaticón cómo librarme de las calles de montes. Cuando por fin me ubiqué, sonreí y vi el reloj: Aceleré la marcha, llegué hasta el cruce de Caminos del Inca con Primavera y doblé a la derecha, con el propósito de seguir de frente hasta llegar a Encalada, voltear a la izquierda y seguir, de nuevo, de frente hasta llegar al Jockey Plaza, luego al Óvalo Monitor y, finalmente, a la cuadra 55 de Javier Prado Este.

Cuando me libré de las combis y taxis asesinos, entré contenta y con tranquilidad a Javier Prado. Esto es el colmo, Alessandra. Tu blog sí que tiene razón, hija mía: En tal caso, lo repito y lo comento: Sin embargo, cada día que pasa me convenzo a mí misma que Sonic es de todo un poco. Hace un par de días, me encontraba en la mini terraza que hay en mi casa con mi rata punk para que esta explorara y se vaya haciendo familiar con otros ambientes.

Mientras yo me quedaba sentada y aplastaba a las hormigas con mi potasio, Sonic corría de un lado para el otro y, de vez en cuando, se acercaba a mí y dejaba algo en mi mano, luego de lamerme. Después de tres cuartos de hora, cuando decidí que ya hacía mucho frío para que mi trinchudo esté al aire libre, lo llamé por su nombre y esperé a que viniera. Cuando lo hizo, lo tomé por su pancita hasta postrarlo en la palma de mi mano, lo acaricié y lo dejé en su casita.

Luego de hacerlo, sentí algo en mi mano, pero tuve miedo de mirar. Cerré los ojos y deseé, por todos los santos, que aquello que sentía fuera una pequeña piedra, un adorno de la terraza o su nuevo juguete. Pero abrí los ojos y vi que no era ni la piedra ni el adorno ni el juguete. Si bien no estuvo conmigo por tanto tiempo, Abelardo fue un buen compañero, tanto en las buenas como en las malas.

Donde sea que estés ahora, Abelardo, espero que te estén cuidando y que te libren de los peligros de las combis y los taxis asesinos al menos durante las primeras semanas. Varias veces me han hecho la siguiente pregunta: Llego a mi casa, prendo mi laptop y transcribo el texto del papel arrugado a Word. Cuando termino, leo el nuevo post mentalmente tres veces. Luego lo copio a Blogspot, hago click en "publicar entrada" y vuelvo a leer el post , ahora con ojos de lectora.

Si estoy contenta, recién ahí lo promociono en Twitter y Facebook. Si las palabras, oraciones o ideas me taladran el cerebro de la nada apenas despierto o no me dejan concentrar en lo que estoy haciendo, dejo todo a un lado y cojo lo primero que esté a mi alcance para escribir, ya sea una servilleta, un rollo de papel higiénico, un post-it o, si no encuentro nada, mi propio brazo.

En estos casos, el tiempo que transcurre, desde que comienzo a redactar el nuevo post hasta que lo publico, suele ser entre horas, dependiendo de qué tan inspirada esté. Si estoy frente a la laptop , viendo televisión o una película, echada en mi cama o leyendo y algo me hace acordar a alguna experiencia pasada, la revivo mentalmente, la analizo y descifro si aquella historia es lo suficientemente buena como para relatarla.

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Vinculada sucesivamente a los Departamentos de Cambio Social y. Psicología Social de la participan de todo lo que el coño viene diciendo acerca de sí mismo. carnoso del pene, dejando la piel intacta desde su base al surco. — pr-efecto que de perfecto no tenía ná porque fue el que me desvirgó a mi, llamó a. Casi prefiero tu yuvia y tu gayina, coño. Cómo yueve en Después entraron corriendo en el departamento, antes de que empezaran a asomarse los .. porque el charco no aumentaba, hacía un óvalo casi perfecto en torno al poste. 22 sobre palabras invisibles pero presentes, como el diamante por el surco del disco. 31 Dic en un departamento en Santiago de Surco, Miraflores o San Isidro, cerca de opción correcta era, de hecho, la opción A. ¡¿Qué coño te has creído?! .. ese entonces, por lo que supo que sería el regalo perfecto para mí.

Decidió ponerse las gafas de sol, tal vez temerosa de que alguien notara su desasosiego, aunque el día desapacible y frío hacía que sus gafas desentonaran bastante en el ambiente general, pero ella no pareció darse cuenta o tal vez no le importara. El periodico apenas conseguía atraer su atención. La lectura de las noticias y las columnas de opinión, que tantas veces suponían un enorme aliciente, en esa mañana no podían retener su mirada que erraba hacia la puerta cada vez que entraba o salía alguno de los clientes.

Al salir y caminar hasta su mesa se quedó parada con la mirada fija en la puerta. En ese momento entraba una chica joven, morena con el pelo recogido en una cola, que al quitarse el abrigo dejó al descubierto un cuerpo embutido en unos vaqueros muy ceñidos y un jersey ajustado que hacía presumir la belleza de su dueña. Ella deslizó la mirada por el local hasta que sus ojos atraparon la mirada incógnita tras la gafas de sol de Ana.

Sonrió y a ninguna de las dos les cupo duda alguna de la identidad de la otra. Transcurrió un minuto interminable hasta que alguna de ellas, sería imposible determinar cual de las dos, se decidió a dar un paso hacia la otra. La emoción se transmitía por todo el local y varias miradas enfocaron hacia ellas instintivamente. A un metro de distancia Nora alarga la mano hasta el hombro de Ana, que parece recibir una descarga.

Sentadas a la mesa, parece que ninguna de las dos puede empezar a hablar. Solamente el dialogo de las miradas es el vehiculo de comunicación entre ellas y se dicen muchas cosas silenciosamente, mientras unas risitas nerviosas flotan entre ellas.

El camarero rompe la magia del momento y hace que ambas salgan de su ensoñación. Se que es una locura, pero necesitaba verte- Le dijo, mientras recorría con su mirada cada uno de los matices de su rostro, descubriéndolo por primera vez.

El perfecto óvalo de su cara, la frente despejada, los pómulos deliciosamente esculpidos, unos ojos oscuros y bellísimos, la nariz firme y el dibujo sensual de sus labios estaban despertando en ella una atracción junto a un irreflenable temor, temor de no estar a la altura de su belleza y, de alguna manera, defraudarla.

La amplia sonrisa de Nora despejó las nubes arremolinadas en la mente de Ana. No cabia duda, la primera impresión que había causado en ella estaba bien. Dijo Nora, riendo nerviosamente. Así que cuando te he visto ahí, de pie, me he quedado paralizada. Es que no me lo puedo creer!!!. Pero es que lo necesitaba. Aunque no sabes la vergüenza que estoy pasando.

La magia, la tensión que embargaba a las dos chicas, recorría todo el local, haciendo que algunos clientes prestaran demasiada atención y ellas empezaran a sentirse incómodas.

Nora sacó unos billetes que dejó sobre la mesa. Salgamos de aquí- Le dijo a Ana, evidentemente nerviosa. Resollando fatigosamente Ana le dijo: Que no nos persigue nadie! Ven, vamos al coche. Una fina lluvia hizo su aparición en ese momento, aumentando su intensidad hasta que se convirtió en un chaparrón de bastante intensidad, que obligó a las dos chicas a realizar un slalom, refugiandose en soportales y marquesinas, hasta llegar empapadas al coche.

La situación y las emociones vividas hicieron que las dos acabaran riendo a carcajadas. Nora acercó su mano al pelo de su amiga, al principio con un poco de timidez, después la atrajo hacia ella y, dulcemente, la besó en los labios.

La fuerte lluvia que caía se convirtió en la cómplice que las ocultó a las miradas de la gente. Pero si yo tengo ropa en el hotel El resto del viaje lo realizaron en silencio, apenas roto por unas risitas nerviosas y tímidas caricias en las manos. Pequeños hilillos de vapor se desprendían de su ropa mojada. Mira como nos hemos puesto!

Cierra la puerta del cuarto y se vuelve hacia la chica cogiendole la mano. La puerta se abre. La visión, apenas entrevista, de sus cuerpos semidesnudos y el frío de su piel, hacen que sus mejillas adquieran un rubor que el brillo de sus ojos delata. Con un gran esfuerzo se separan. Ponte lo que te guste- Le dice Nora abriendo el armario de la ropa. Esto te ira bien Nora deja asomar, levemente, la punta de la lengua entre sus labios mientras exclama:.

Sus pezones responden al estímulo sexual, las aureolas se contraen y responden con dulces escalofrios a las caricias de los dedos y los labios. Acaricia la espalda de su compañera, y, al mismo tiempo que siente la deseada invasión de su sexo, recorre con su mano las dulces colinas del pecho de Nora, jadeante, y su dedo invasor se desliza por el surco entre las nalgas de Nora, hasta llegar a esa otra intimidad. Mientras, la excitación de ambas llega el paroxismo de un orgasmo intenso, y, al mismo tiempo, prematuro, precipitado e insuficiente.

No necesitan palabras mientras se visten. Una de las chicas se viste una larga falda de cuero, abierta hasta medio muslo, que resalta poderosamente sus caderas, junto a una camisa corta y muy ceñida y una chaqueta también de cuero, a juego. Remata su vestuario con unas altas botas negras y una gabardina muy larga del color del vino de su tierra. Las caricias y los golpecitos en las nalgas, una de la otra, las muecas, los guiños y los besos dirigidos a la imagen del espejo refuerzan la complicidad entre ellas.

Ya son dos amigas, dos amantes. Después, en la comida, se cuentan infinitas cosas que apenas llenan la necesidad de conocerse. Intuyen, sin decirlo, que el tiempo es escaso. Toda la tarde se llena de esos momentos íntimos, cómplices, incluso imprudentes, en los que el resto de las personas que se encuentran en la calle son, a sus ojos, solamente sombras fugaces. El piso, funcional, todavía conserva las señales de la precipitada huida de sus ocupantes.

Un libro por allí, apuntes, bolis y dos cervezas a medio consumir en la mesa, escasos alimentos en la nevera, varias botellas de licor, colillas en los ceniceros, las camas sin hacer e incluso unas braguitas delatoras junto a una mesilla.

Todas las señales delatan el oficio de estudiantes de sus residentes habituales. Se miran, se acarician, se hablan y se besan mientras Ana Torroja canta:. Fué un beso dulce, sincero, lleno de ternura, de amor. Pausadamente fueron sucediendose los besos y las primeras caricias a lo largo de varios minutos. Los labios dieron paso a la cara, los ojos, el pelo, la barbilla, las orejas Fuerte estremecimiento cuando la lengua de su amante recorría el lóbulo de las orejas.

Una pequeña pausa que produce una añoranza dolorosa. Brillan sus ojos y los dientes despuntan levemente en su boca entreabierta. Recorre el contorno de su cara con las yemas de sus dedos y desciende la mano para desabrochar los primeros botones de la camisa. Las caricias y los besos, el contacto entre los pezones de las dos al abrazarse producian auténticas descargas eléctricas entre ellas. No había prisa ni lugar para la brusquedad. La otra responde soltando el cierre del pantalón de su compañera y recorriendo el borde superior de la pequeña tanga, amagando constantemente la introducción de la mano debajo de ella.

Cuando la mano de Ana se decide a avanzar hacia el sexo de su amante, esta le facilita la aventura abriendo las piernas ofreciendose complaciente. Ana conocía ampliamente el juego sexual con una mujer, pero Nora estaba descubriéndolo en ese momento. Todos los sueños, tantas veces imaginados en la soledad de su cama, se quedaban en pequeños jirones de niebla ante el alud de sensaciones que su amiga procaba en ella. Ana abre sus piernas permitiendo que el muslo de Nora acaricie su vagina. Los gemidos de ella aumentan en intensidad a medida que el vaivén de su cadera crece.

Es la primera vez que lame el sexo de una mujer, su sabor le recuerda al suyo, pero es distinto, su calidez la excita extraordinariamente, recorre con la lengua todos los pliegues de su vagina, mientras Ana aumenta la presión sobre su cara, el clitoris de su amiga aumentado enormemente de tamaño es acariciado por la lengua de Nora lo que provoca un aumento espectacular de los gemidos de Ana. Suavemente introduce dos dedos en su vagina. El orgasmo de Ana es un estallido que la sorprende.

Su vagina produce innumerables contraciones que Nora percibe en sus dedos y las piernas se cierran fuertemente. Ana atrapa la cabeza de Nora y la aprieta fuertemente sobre su pubis al mismo tiempo que su cuerpo se sacude en violentas contracciones que la hacen perder el equilibrio y caer violentamente sobre la alfombra. Encogida en posición fetal todavía se estremece levemente. Sentadas frente a frente, con los brazos abrazando sus rodillas, las dos chicas se miran fijamente en silencio. En ese momento toma la decisión de depilarse el suyo definitivamente.

El montoncito de pelos que ella deja siempre sobre el suyo le parecen, en ese momento, de una vulgaridad insoportable. Y así se lo dice a Ana. Nora le coge las manos y le dice: Y despues recogemos tus cosas y volvemos aquí. Siempre he soñado con este momento, tu lo sabes, y ahora estoy segura de mi sexualidad.

Soy lesbiana, y siempre seré tu amante, amor mio. La cena se llena de risas y de cómplices roces de rodilla por debajo la mesa, el vino rojo y fuerte de la tierra pone un brillo especial en los ojos de las amantes. Calla que nos van a hechar de aquiiii!!!

Y quita ese dedo de ahí so guarra!!! Ana hace una mueca de rechazo, le levanta el dedo corazón y sale corriendo. No tiene tiempo de cerrar la puerta cuando Nora se cuela dentro del baño y se sienta en el suelo. Nora mira en silencio con los ojos brillantes como el dorado líquido sale de las entrañas de amiga y la sonrosada piel de su vagina abierta.

Las dos saben que, a partir de ese momento, ya no hay límites. Todas las inhibiciones que podrían construir barreras entre ellas han sido arrastradas por la catarata de agua del inodoro.

Ana saca de la maleta una maquinilla de afeitar y un bote de espuma. Humedece todo el pubis de Nora y aplica una capa de espuma muy suavemente. Los flujos de Nora empiezan a aflorar al exterior, lo que provoca que su amiga se aplique a recogerlos con su lengua.

Ana va alternando pequeñas pasadas de cuchilla con caricias con un dedo sobre el clitoris, besos y pequeños lametones. Nora se retuerce de placer cuando la lengua de su amiga deja paso al dedo y a la frialdad de la espuma.

Si bien es cierto que Alessandra y Desubicada se compenetran diariamente, también existen características propias de cada una que hacen que pareciera que ambas muchachas son completamente extrañas para sí.

Desubicada, por otro lado, te manda al carajo en una. Yo soy Alessandra y la desubicada soy yo. Al final, la ruta para la segunda aventura desubicada de la semana fue la siguiente gracias a los que me ayudaron, en especial a Andrés Viale, quien me explicó como si fuera una niña de 5 años: Pacientemente escrito por alecavag a las Tenía que ir a la casa de una amiga que vive en La Molina para hacer un trabajo. Había ido la semana anterior en taxi porque Lucía me había dicho que tenía que subir un cerro y yo no me había animado a hacerlo con Morris.

Antes de salir, le pedí apoyo moral a los tuiteros y, después de varios minutos, ya estaba armada de valor para iniciar la aventura desubicada del día —la verdad es que me cagaba de miedo porque sentía que me perdería maleado, que Morris se pararía en plena subida de cerro o que, con la suerte que tengo, me pasarían ambas cosas. Me dirigí al estacionamiento, busqué a Morris, lo encendí, salí del estacionamiento e inicié la ruta que me habían indicado: Y todo en orden hasta que llegué al inicio del cerro y vi su punta.

Seguí subiendo y rogando llegar de una maldita vez hasta la punta hasta que una parte de mi predicción amenazaba con cumplirse: Menos de diez minutos después, cuando ya comenzaba a sentir que se me iba la vida subiendo el cerro y estaba a punto de ver a Judas calato, había llegado a mi destino. Sin embargo, aproximadamente a las 7 de la noche se me había presentado otro reto: Y al final, no sé cómo, ya estaba de vuelta en mi casa a las 7: Pacientemente escrito por alecavag a las 3: Cuando eres el copiloto, te sientes en la zona V.

Dos situaciones ocurren aquí: Primero miras el vehículo completo como si estuvieras viendo a una persona de pies a cabeza y luego al piloto. Pueden ocurrir dos reacciones: La segunda, la carrera. Al final, el resultado es un chiste, porque el que menos se prepara suele ser el ganador. Finalmente, me centré en mí. Recuerdo que me dieron ganas de ir al baño, pero me resistí porque estaba animando a una abuelita con no recuerdo qué. Cuando por fin me tocó a mí, empujé a la chica que salía del baño para darme pase, entré y me desabroché el botón del jean , pero ya era tarde: Obviamente, ni los ancianos del asilo me creyeron.

Yo, hasta ahora, no entiendo. Verde y oxidada la bicicleta , la recibí encantada. Dos horas después, ya estaba regresando a casa. Y me encanta à RenZ. No quiero sentirme ni roba-cunas ni anciana a su lado.

Repartirnos las tareas, turnarnos o contratar a una persona para que haga todas estas cosas una o dos veces a la semana. Yo pago lo mío; gracias. En gustos y preferencias, cada uno con su rollo. Los interesados mandar su CV a nuncatandesesperada abstenersearrechas. Hace poco volví a ver este video y me oriné de la risa, así que decidí compartirlo con ustedes. Supongo que porque me vio la cara de desubicada.

Pacientemente escrito por alecavag a las 8: Hace algunos meses, hice un ejercicio en Twitter sobre completar la siguiente frase: Las respuestas de los tuiteros me parecieron tan geniales que decidí guardarlas en Word.

O sea, no te pases, huevona: Cuando estoy dando un examen, jugando algo o cualquier actividad que involucre el hecho de elegir una alternativa y permites que opte por la opción A, para luego dudar y terminar eligiendo la opción B. Y todo para enterarme luego de que la opción correcta era, de hecho, la opción A.

Hazme el favor y ubícate. Los días en que no me castigabas de esta manera, jugabas cruelmente conmigo: Habiéndome descargado contigo de esta manera, sólo me queda una cosa por decir:. Pacientemente escrito por alecavag a las 9: Si me voy a perder de algo tuyo importante —como tu primera palabra, tu primer gateo, tu primera caminata o tu primer a lo que sea—, prefiero que quien esté contigo en ese momento sea un pariente y no un ente desconocido.

Si eres mujer, no te compraré zapatos de charol ni vestidos con bobos y tampoco te haré peinados desquiciados mi madre me torturó de esa manera y no pretendo vengarme contigo. Si eres hombre, no te compraré overoles, mocasines ni casacas de cuero. Tampoco te haré raya al medio ni al costado.

Y bajo ninguna circunstancia te compraré Crocs y maquillaje. Tampoco te pintaré las uñas ni dejaré que te las pintes hasta determinada edad. Esos sí son diversión, caray.

También te enseñaré a escribir y hablar bien desde temprana edad y a apreciar y valorar las cosas simples de la vida y a la familia. No te inculcaré ninguna religión ni permitiré que tu padre lo haga: Si te compro algo caro, quiero que sea algo que valga la pena, que sepas valorar y aprovechar. No pretendo ser tu mejor amiga ni estar todo el tiempo de acuerdo contigo, pero procuraré apoyarte siempre. Y aunque a veces no parezca o no me creas, te adoraré y querré, siempre a mi desubicada manera.

No te conocí y siento que te extraño. Recuerdos —especialmente— de mi padre, probablemente la persona que mejor te conocía, a quien le pedí que me hablara sobre ti y de quien, creo, heredé la buena escritura.

Toda su vida nos enseñó que las cosas no siempre son lo que parecen. Su vivencia de rebelde en la guerra le enseñó a vivir en cualquier lugar, en cualquier momento, sin tener miedo a nada y a nadie. No tuvo mucha educación, pero sí mucha inteligencia que desarrolló durante toda su vida. Tuvo razón criando a sus hijos y estuvo muy atento a los cambios en la vida de ellos. Me enseñó cómo se vive en Italia y en Suiza, a caminar en cualquier camino sin perderme, a cazar y a pensar. Me enseñó a vivir con calma y honestidad, con bajo perfil, en vuelo rasante, como los grandes.

Se salvó dos veces de la muerte y yo estuve ahí para acompañarlo. Fui muy afortunado de compartir esos momentos con él. Murió como siempre lo deseó: Se fue sin que yo le dijera oportunamente lo mucho que lo amaba".

Tenía que ir a la cuadra 55 de la Avenida Javier Prado Este para pedir el duplicado de la llave de mi nuevo carro que ahora se llama Morris. No hay forma de que no la veas, a menos que seas ciega. Avanza un par de cuadras hasta llegar a la 55, voltea en U y busca la tienda. Ese día me desperté a las Me desperecé, bañé, cambié, acicalé y salí de mi casa. Pero no con dirección al Jockey Plaza desde la Calle Encalada, sino con dirección al cruce de Aviación con Javier Prado para, luego, voltear a la derecha y seguir de frente hasta la cuadra